Desechando todo tipo de imposiciones y con un bellísimo desparpajo a la hora de cantar, la intérprete argentina Liliana Herrero desenreda una a una las raíces de la música popular latinoamericana y eleva su canto, abriéndose con franqueza a nuevas apuestas artísticas y construyendo los rasgos cardinales de su propia identidad sonora.

Nacida en el litoral de su país, la cantora ha ido recorriendo diferentes rincones de la Argentina y América Latina, renovándose en cada nueva interpretación y sentando las bases de un acto creativo donde las composiciones son continuamente desarmadas y vueltas a armar, siempre con aires de atrevimiento y novedad.

En ese camino sin lineamientos ni conformidades pero con una gran influencia de grandes íconos del folclore argentino como Mercedes Sosa y Gustavo “Cuchi” Leguizamón, la entrerriana ha sabido respaldar sus aventuradas elecciones estéticas construyendo múltiples espacios de sentidos que conjugan las huellas originales de cada canción con arreglos contemporáneos que rejuvenecen la armonía compositiva de cada una de las obras.

Luego de «Este Tiempo» (2011)  y bordeando conscientemente el despeñadero de su voz, la artista editó el pasado año su último trabajo discográfico titulado «Maldigo», un álbum desbocado y salvaje donde se apoya con furia en una poética de lo social que busca retratar sin rodeos las problemáticas más cotidianas y logra enhebrar un mensaje crítico e implacable que estimula positivamente el pensamiento.

De esta manera y sin esquivar su responsabilidad política y cultural de inventar nuevas formas para la música, la cantante no detiene su andar y continúa inmersa en una búsqueda artística que se reinventa día a día y que seguramente nunca encontrará su final.

Ph Nora Lezano

Ph Nora Lezano

Crudeza sonora

«Maldigo», decimotercer álbum de su carrera, exhibe una sonoridad silvestre y feroz producto del registro en vivo dentro de un estudio de la artista junto a los músicos Martín Pantyrer (vientos), Pedro Rossi (guitarras), Ariel Naón (bajo y contrabajo) y Mario Gusso (batería y percusión): “Tocamos absolutamente en vivo y eso produjo un sonido muy hermoso que para mí es brutal y crudo porque los matices y las dinámicas son producto del mismo toque. Ese sonido a mí me gusta mucho y lo busqué especialmente para este disco, no sé si haría de nuevo eso en otro disco, depende del concepto. Ese concepto a veces es previo y a veces va surgiendo sobre la marcha. En este caso fue un poco previo pero al mismo tiempo fui descubriendo en el mismo acto de grabación un sonido que a mí me interesaba tener”.

Contra lo estandarizado

Apartándose de todo tipo de preconceptos, la intérprete litoraleña se despoja por completo de todo lo instituido y con su voz casi desgarrada lleva al extremo su particular manera de cantar: “Antes cuidaba más ciertas formas, si estaba desafinado lo volvía a grabar, o grabábamos por partes y yo cantaba siempre como una voz de referencia. Esta vez esa voz de referencia no fue de referencia, sino que yo sabía que cada toma podía ser la que quedara. «Maldigo» no quiere decir maldecir en el sentido de insultar a alguien ni es  un enojo con el mundo, sino que lo que hay es un retirarme de la domesticación del canto y de cierto canon en que uno dice «esta persona canta muy bien». La decisión de grabar en vivo me hacía saber que era muy riesgoso y abismal. Yo quería cantar con la voz quebrada, rota, esa fue para mí la máxima con la que yo me manejé cuando grabamos”.

La búsqueda

Espontáneamente y dejando fluir al máximo sus emociones, la argentina conmueve en cada uno de sus conciertos por el cúmulo de sensaciones que pone en juego en el mismísimo acto de cantar, matices que indublemente manifiestan una búsqueda innegociable donde el riesgo y lo profundo son moneda corriente: “Me parece que me inventé un modo de cantar en donde no oculto la búsqueda. Si las personas perciben que estoy buscando en el mismo acto de cantar, yo eso no quiero ocultarlo. Para mí la música es una gran conversación y en esa conversación es donde me parece que surge una música magnífica. No puedo entender la música de otro modo que no sea arriesgando. Yo arriesgo porque para mí el arte no es otra cosa. El arte es riesgo, es abismo, estamos lanzados ahí y una vez que suenan los acordes hay que andar y buscar en el mismo acto de cantar o de tocar. Para mí eso es una condición de la música”.

Recordando al Cuchi

Tanto para Liliana Herrero como para un sinfín de folcloristas de su región, Gustavo “Cuchi” Leguizamón es una de las referencias obligadas de la música popular argentina. Tras haber editado el disco “Leguizamón-Castilla” a comienzos del nuevo milenio, la intérprete continúa teniendo bien presente al compositor salteño, esta vez con la dedicatoria de su nuevo trabajo: “«Maldigo» está dedicado a él porque lo estoy perdiendo. Más que una dedicatoria es un llamado porque no lo estoy grabando últimamente, es como una convocatoria porque siento que no lo estoy encontrando. No sé qué grabar del Cuchi y eso me angustia mucho porque yo admiro profundamente su música. Aprendí mucho con él en grandes conversaciones, casi no tocamos juntos porque el Cuchi no cambiaba la tonalidad de sus temas y en las tonalidades en las que él componía a mí me quedaban muy altas o muy bajas. El tenía una carcajada hermosa, era un humorista, un filósofo y un gran pensador sobre el mundo y sobre la vida de las personas”.

Ph Nora Lezano

Ph Nora Lezano

El aporte de Aristimuño

Al igual que en otros discos, la cantante decidió contar con coproductores artísticos y esta vez fue el turno del cancionista patagónico Lisandro Aristimuño, un artista independiente que desarrolla todo su arte de manera autogestiva, rasgo que la cantora celebra y valora incondicionalmente: “Creo que Lisandro es el único artista realmente independiente con relación a la industria cultural porque él sigue el proceso hasta el final. Yo por cuestiones económicas en la mayoría de los casos lo he seguido hasta la masterización, después he tenido que recurrir a alguna compañía pequeña para que termine la última parte del proceso, que es hacer la prensa, las fotos, el diseño de la tapa, la fabricación y la distribución. Lisandro no cede ni la distribución, se ha formado su propia empresa y eso es muy interesante”.

Presente gris

Con plena conciencia crítica y enriquecida por las vivencias que le aporta el camino desandado, la cantora reflexiona sobre la actualidad sombría de la música popular argentina en la relación con la industria cultural y afirma que, sin dudas, queda mucho por hacer: “Creo que es un momento oscuro porque no se ha comprendido la riqueza y la enorme cantidad de músicos y poetas que existen en el país. Se sigue insistiendo en transmitir y reproducir una música absolutamente estandarizada, sin búsquedas ni riesgos; eso lo que creo que está pasando en el mercado, incluidos los medios de comunicación. Creo que ahí no hay una apuesta artística, sino que hay negocio y para mí la música es otra cosa. Me parece que las formas de la música, al menos desde la perspectiva del Estado que es quien debe proteger lo que tiene un país, tienen falencias en ese sentido y se han quedado cortas en relación a buscar modos en donde las músicas que existen tengan alguna visibilidad. Hay intentos, sin dudas, pero yo quisiera que el Estado no reprodujese aquello mismo que dice combatir, porque para mi modo de ver cuando se combaten los medios no se combaten solamente luchando contra la impronta monopólica que tienen, sino también produciendo novedades auditivas que no existen. Desde la perspectiva de lo que hay invisibilizado el futuro es maravilloso, desde la perspectiva del mercado me parece que es nefasto”.

Rol de la música

Involucrada con el devenir social y la función renovadora del canto, la entrerriana apuesta a la creación como una herramienta vital y se compromete sin titubeos en cada uno de los espacios que le toca habitar, delineando de esa manera los cimientos esenciales para que la música pueda cumplir sus objetivos primarios: “Si alguna función cumple o debería cumplir la música es la de producir novedad, darse uno y darle a la gente la posibilidad de escuchar algo que nunca se escuchó, algo inaudito, algo a lo que no estamos acostumbrados y sacar a la gente y a uno mismo de la creencia de que sólo podemos escuchar más de lo que ya sabemos”.

Por Lucas Benjamin
Foto principal: Ph Marcos Crapa

Escucha aquí a «Maldigo»